Fin de las penas.

21/12/2016 | RAUL RIVAS ORTIZ
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Beccaria es uno de los representantes de la Ilustración, se le considera un precursor de los utilitaristas, concilia humanismo y utilitarismo, imponiendo principios sistemáticos de filosofía penal. Es utilitarista porque su ideología radica en que la pena debe servir a la readaptación del delincuente. Su obra titulada “El Tratado de los Delitos y de las Penas” fue prohibida por la Inquisición y tuvo que circular clandestinamente, Beccaria aboga para que el Derecho Penal tenga como fundamento una justicia humanamente defensiva del hombre con miras a una rehabilitación del individuo que cometió un delito. La obra va en contra de la crueldad del derecho penal, la tortura, la arbitrariedad judicial, la desigualdad de las personas ante la ley penal y la pena de muerte.

Las leyes son las condiciones con que los hombres independientes y aislados se unieron en sociedad, cansados de vivir en un continuo estado de guerra y de gozar una libertad que les era inútil por falta de confianza para conservarla. Sacrificaron por eso una parte de ella para gozar la restante de manera segura. El conjunto de todas estas porciones de libertad sacrificadas al bien de cada uno forma la soberanía de una nación. Debe haber una proporción entre los delitos y las penas, no solo es interés común que no se cometan delitos, sino que sean menos frecuentes en proporción al mal que causan en la sociedad. Así mismo deben ser más fuertes los motivos que retraigan a los hombres de los delitos y a medida de los estímulos que los inducen a cometerlos.

(Beccaria, 2015) considero que el fin de las penas no es atormentar y afligir un ser sensible, ni deshacer un delito ya cometido, el fin no es otro que impedir al reo causar nuevos daños a sus ciudadanos y retraher a los demás de la comisión de otros iguales. Luego deberán ser escogidas aquellas penas y aquel método de imponerlas que guardada la proporción hagan una impresión más eficaz y más durable sobre los ánimos de hombres y la menos dolorosa sobre el cuerpo del reo.

La pena debe ser proporcional, justa entre el grado y gravedad del daño, así mismo se asignan a la pena fines preventivos, de prevención general (intimidación) y prevención especial, estos especiales consistentes en una lucha contra el delito mediante la actuación sobre el delincuente para que no vuelva a cometer un hecho delictivo, pero se pone el acento en la primera y esto para evitar que otros lo imiten y así restablecer el orden social dañado por el delito.

Según el portal de internet del periódico Cronica, México ocupa el séptimo lugar en población penitenciaria a nivel mundial, entre los diez países se encuentran: Estados Unidos, China, Rusia, Brasil, India, Irán, Tailandia, Sudáfrica y Ucrania; así lo reportó el Centro Internacional de Estudios de Prisión (International Centre for Prision Studies-King´s College).

Nuestro país cuenta con una tasa de encarcelamiento de 206 reos por cada 100 mil habitantes, pero es importante subrayar que únicamente se castiga un aproximado de 2% de los delitos cometidos, esto se debe a los mecanismos de control, corrupción, sobrecarga de trabajo en los juzgados y personal insuficiente. Cabe señalar que las denuncias representan un rubro muy importante, ya que es ahí donde se hace del conocimiento de un delito al Ministerio Público y se puede llevar a cabo la averiguación previa, para finalmente castigar cualquier acto criminal. En situación de cárcel, existen aproximadamente 238 mil personas, lo que significa que por cada 100 mil habitantes, tenemos alrededor de 206 reos.

En México, el 65 por ciento de las cárceles padecen autogobierno, están sobrepobladas y no existe una política penitenciaria adecuada para enfrentar la problemática que las define, afirmó Elena Azaola Garrido, profesora investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), que pertenece al Sistema de Centros Públicos de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Para la especialista, en una perspectiva unificada de las cárceles en América Latina se pueden enumerar los problemas de la siguiente manera: “Cárceles sobrepobladas; condiciones de vida indignas e infrahumanas en la mayor parte; un abuso de la prisión preventiva; una política contra las drogas no solamente en nuestro país sino en la región, que ha incrementado la población en las prisiones; una ausencia de políticas criminológicas integrales y una fuerte criminalización de la pobreza”.
    
(Beccaria, 2015), La cárcel es solo la simple custodia de un ciudadano hasta tanto que sea declarado reo, y esta custodia siendo por su naturaleza penosa, debe durar el menos tiempo posible y debe ser la menos dura que se pueda.

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