Los Derechos de los Animales no Humanos y la Discriminación


Desde una perspectiva positivista, los derechos de los animales no humanos son las atribuciones que la normatividad objetiva les concede, es decir, si la ley sanciona a quien les mate, lesione o de cualquier forma les haga sufrir, jurídicamente estarán protegidos de ser muertos o lastimados con la amenaza de la sanción a quien les haga daño.

Esto de los derechos puede ser discutible si se estima que también el agua, los árboles y la tierra se encuentran protegidos por las leyes; sin embargo, cuando las exposiciones de motivos y los principios que se plasman en dichas leyes dejan claro que es la crueldad lo que importa al legislador, reconociendo la capacidad de sufrir de los no humanos, e incluso, sancionando a los propietarios de los animales, cuando son ellos quienes les dañarán física o emocionalmente, estamos frente a derechos subjetivos a los no humanos, y no solamente frente a una obligación de los humanos. Debemos considerar que han sido los defensores de animales quienes han promovido este tipo de tutela ante los congresos de los diferentes países; es así, que el objetivo de la ley consiste en el respeto a la individualidad de los seres de diferente especie, se les reconoce ya un valor intrínseco. 

A lo largo de la historia, algunos filósofos y juristas han dado por hecho que los animales no humanos carecen de inteligencia, y utilizan como argumento para no protegerles, a la falacia de que los derechos solo pueden reconocerse en favor de los seres capaces de reclamarlos por sí mismos, o en aquellos que pueden obligarse directamente. Desde luego, olvidan que existe la capacidad de goce, sin que necesariamente se cuente con la posibilidad directa de ejercer derechos y obligaciones, pues para ello existen representantes legales.

Ejemplo de lo anterior, son los casos de los humanos concebidos pero que aún no nacen, así como los recién nacidos o los que padecen de enfermedades mentales que les impiden obligarse directamente, y que no por ello pierden sus derechos, pudiendo ser representados.

Sin embargo, la influencia de Descartes sigue permeando en algunos escenarios jurídicos, pues antes de estimar la similitud física y fisiológica que poseemos todos los animales, incluyendo la capacidad de sufrir y la conciencia de acercarnos a lo que nos produce placer o alejarnos de lo que nos daña  en la mayor parte de los países del orbe se ha otorgado estatus de cosas a seres con cerebro, ojos, piel, movilidad y un sin fín de semejanzas al humano.

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CULTURA JURÍDICA




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